Yo Ingeniero. |
Historias (casi) reales de un aprendiz de todo... |

Cierta vez, caminando por las calles de su pueblo, Ana recordaba cuánto le gustaba el empedrado de sus calles, de pronto se encontró buscando patrones y formas en él, intentando descubrir dentro de su caos algo significativo, algo que le permitiese recordar por siempre aquella escena ¿que escena? la escena de aquella noche calurosa de verano donde a la vera del camino, entre la hierba algunas luciérnagas brillaban débilmente e invitaban a mirar atentamente su danza hipnótica y casi sobrenatural -¿Por qué brillan las luciérnagas?- se preguntó De pronto recordó que a los 9 años uno de sus profesores le explicó que brillaban debido a la reacción química que ocurre dentro de sus cuerpos,ella no le creyó, creía mas en las palabras de su abuela,una viejecita de 89 años de aspecto frágil pero fuerte como un roble que habiendo criado a 5 hijos y otros tantos nietos sabía mucho sobre la vida. Su abuela decía que las luciérnagas eran estrellas que habían caído del cielo por no haberse agarrado con fuerza así que para Ana aquellos luminosos insectos era y siempre serán estrellas.
Esa noche no importaba nada mas que ella, se sentía libre, libre como el agua que a lo lejos, cerca de un arroyo escuchaba correr - ¿Por qué corre el agua? - se preguntó, y de repente recordó que el agua corre debido a cierta acción que ejerce sobre ella la gravedad terrestre, a ella no le gustaba la definición de la física, le gustaba más la definición de su abuela que decía que el agua corre porque está viva y alegre, que escurre y moja todo a su paso porque es su forma de repartir felicidad, ella le decía también que el agua era tan maravillosa que noble que a su paso repartía vida y dentro de ella había vida también ¡sólo habría que ver la cantidad de pececillos que llevaba en su cauce el río!. En ese momento Ana sintió que era el agua y que no importaba nada mas. Entonces miró al cielo y miró la Luna junto a Venus como su fiel acompañante, la Estrella de la tarde aún se dejaba ver a aquellas horas nada extraño pues recién había anochecido, recordaba lo que la gente le decía cuando ella señalaba a Venus y comenzaba a contar la historia del poderoso y sabio Quetzalcoatl, obligado al exilio y transmutado en una Estrella que acompañaría a la caída de la tarde por siempre - ¡Estás loca! - le decían sus amigas, - ¡Deja de fantasear! - le decían sus padres. Nadie entendía que la única forma de comprender el mundo era a través de los sueños… Siguió mirando al cielo y luego, gracias a un suspiro que escapó de ella regresó a la realidad para continuar caminando, buscando patrones y formas entre el caos del empedrado de las calles de su pueblo.